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PADRE ANGEL – Presidente de Mensajeros de la Paz


Padre Ángel ¿Cuándo y porqué crea Mensajeros de la Paz y Edad Dorada, que el impulsa a fundarlas?

Primero empezamos a trabajar en Asturias, y luego vinimos a Madrid. Fue entonces cuando nació Mensajeros de la Paz, en 1963. Pronto fuimos ampliando proyectos y áreas de actividad. Desde principios de los años 90 trabajamos en la atención de residencias, centros de día para mayores y otros muchos proyectos dedicados integración social, atención y mejora de calidad de vida de los mayores. Cada vez las personas mayores son más, justo cuando parece que en nuestras vidas hay menos lugar para ellos. Ante la realidad social y demográfica de España y otros países, donde la población envejece a ritmo creciente, se ponen de manifiesto las necesidades sociales de las personas mayores: soledad, abandono, exclusión social y escasez de recursos. Es entonces cuando Mensajeros de la Paz crea la Asociación Edad Dorada en busca de una respuesta adecuada a este colectivo.

¿Quienes han sido sus inspiradores para crear este y otros proyectos que ha creado a lo largo de su vida?

A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas buenas de las que intento aprender. La primera de ellas fue el cura de mi pueblo, Mieres, cuando yo era pequeño. Era bueno, caritativo, siempre abierto a todos. Cuando iba a ver a algún enfermo disimuladamente dejaba una moneda bajo la almohada. Otro de mis grandes modelos ha sido, y es, San Juan Bosco. Él fue pionero en el trabajo con chicos problemáticos, a los que nadie quería y supo hacer de ellos hombres buenos dándoles precisamente lo que les faltaba: cariño y calor.

Desde muy joven ha sido Vd. muy activo, se le reconoce de siempre su inquietud por ayudar a la gente que lo necesita. ¿es Vd. más partidario de la acción que de la oración o son complementarias?

Yo creo que hay personas a las que Dios llama a rezar y a otras a actuar, y creo que yo soy de los segundos. Unos y otros son necesarios: unos dan el fondo, los otros, la forma, pero la esencia es la misma. Pero también para los que rezan de vez en cuando es bueno que actúen. A mi me hace falta rezar, siento que la oración me da paz y fuerza. Y de esas oraciones surgen nuevas ideas para seguir ayudando a los demás.

Hace unos años, monté en un taxi, el taxista era un chico joven que se había educado en uno de los hogares para jóvenes con Vd. lo había recogido de la calle, el joven estaba muy agradecido y recordaba con añoranza esos años..¿Cuándo creó esos hogares juveniles?

Los primeros de esos chicos que llegaron a los hogares, allá en los años 60, fueron los niños que estaban en el orfanato de Oviedo Yo era un cura joven que recibió como uno de sus primeros destinos la capellanía de ese orfanato de Oviedo.. Entonces los huérfanos eran seres estigmatizados, que se reconocían por la calle por su vestido, por su corte de pelo y por sus ojos sin brillo y que muchas veces eran señalados con el dedo. No hicimos más que seguir el impulso, y sacarlos de allí para que vivieran en casas como los otros niños, fueran al colegio como los otros niños y que como los demás, supieran que tenían un hogar al que pertenecían.

Se le conoce principalmente por su ayuda a los niños, pero en sus programas hay diferentes actividades de atención a la infancia, a  jóvenes, adolescentes y mayores…¿Por qué cree que no se conocen estos otros programas? ¿A qué colectivos llega hoy Mensajeros de la Paz?

Efectivamente primero fueron los niños, luego los jóvenes, los discapacitados, y así fuimos ampliando actividades de protección o ayuda a otros sectores vulnerables de la sociedad: drogodependientes, mujeres víctimas de violencia doméstica, inmigrantes, familias y, muy especialmente, personas mayores enfermas, solas, o carentes de recursos. No me preocupa nada que unos programas o actividades sean más conocidos que otros. Quizá sólo se deba a que unos tienen más gancho informativo que otros, pero todos son necesarios, especialmente aquellos que no dan páginas en los periódicos, pero que llegan donde pocos lo hacen.

¿Qué podemos aprender de los niños? ¿ y de los mayores?

De todas las personas con las que me encuentro siempre aprendo algo, pero efectivamente mis preferidos son los niños y las personas mayores.
Los niños son una fuente inagotable de vida, de ilusión, de alegría y al mismo tiempo son seres vulnerables, indefensos, expuestos a todos los peligros. Los mayores son un pozo infinito de sabiduría, de experiencia, de paz. Unos necesitan de los otros. La convivencia intergeneracional es un don precioso del que estamos privando a la sociedad y es algo que no nos podemos permitir.

¿Qué retos a corto y a largo plazo se plantea Mensajeros de la Paz?

Yo no entiendo mucho de plazos cortos, medios y largos, nuestro objetivo más inminente es el día a día: hacer nuestro trabajo, y ampliarlo, llegar a todo aquel lugar o persona que nos pueda necesitar. Pero en ese día a día hay vocación de permanencia indefinida, de estar ahí mientras dure el problema y mientras nosotros seamos capaces de solucionarlo, o al menos de paliarlo. Nuestro retos de hoy son, en España, atender a las personas mayores poniéndonos a su servicio y formando parte de su vida diaria. Creemos firmemente que las nuevas tecnologías van a ser nuestro mejor aliado en los próximos años, especialmente para ayudarles en dos aspectos muy importantes para ellos: la salud y el paliar su soledad.
En el área internacional estamos comprometidos con la ayuda a la reconstrucción de Iraq, en especial atendiendo a los niños, las víctimas más inocentes y doloridas de cualquier guerra, y seguir apoyando los hogares que tenemos en África para niños rescatados de la esclavitud y huérfanos del SIDA.
¿Qué es para Vd. la soledad? Qué recetas podemos usar para paliarla. Hay más soledad entre los mayores o está alcanzando ya a otras franjas de la sociedad?
La soledad es sentir que no eres importante para nadie. Están solos los que han perdido a sus seres queridos pero también hay personas que se sienten solos estando en compañía. La soledad es algo que puede afectar a todos, mujeres, inmigrantes, niños, pero que resulta más dramática en las personas mayores, porque creo que con la edad lo más importante es el cariño.
Los mayores pueden vivir con bajas pensiones, con viviendas precarias, con achaques y con la mayoría de los males propios de la edad, pero nadie -y ellos especialmente- pueden vivir sin amor: sin alguien que les quiera o a quien querer. A veces cuando viajo a otros países, que comúnmente llamamos “subdesarrollados”, miro con admiración el trato que reciben sus mayores, ellos son respetados, se les pide el consejo, se les obedece, son a los que se da el mejor bocado... entonces pienso que en nuestra carrera a la “civilización” hemos dejado muchos valores en el camino.

Háblenos del Teléfono Dorado. ¿Como es posible que una simple llamada surta tanto efecto consolador? Estamos y nos sentimos tan solos?

En estos 10 años de vida los voluntarios del Teléfono Dorado  han atendido más de siete millones y medio de llamadas. Es impresionante, ¿verdad?, pero quizá lo más impresionante de todo es que en un 80 % las personas que realizan esas llamadas dicen sentirse solos. El Teléfono Dorado es ante todo una voz amiga para los mayores, un servicio gratuito a través del 900 222 223, desde el que se trata de paliar la soledad, que es la principal causa de muerte de las personas mayores en nuestro mundo. Yo diría que la soledad se lleva por delante a más personas que el cáncer, o los accidentes.
Los usuarios del Teléfono Dorado saben que hay alguien al otro lado a quien le importan sus problemas, con quien pueden charlar un rato, saben que tienen a alguien a quien dar los buenos días o despedirse cuando se van a acostar.

La sociedad al igual que el clima está cambiando vertiginosamente?

La sociedad española lleva algunas décadas cambiando, pero a mejor. Es verdad que cada vez la vida se nos va haciendo más complicada –o nos la complicamos nosotros, no sé- pero aún con todas esas dificultades la gente cada vez es más solidaria, más comprometida. El fenómeno del voluntariado, la proliferación de ONG, la magnífica respuesta de la gente ante llamadas de ayuda o situaciones de crisis, son prueba de ello. La solidaridad es un valor en auge, eso desde luego.
Pienso que vivimos en un mundo mejor que el que nuestros padres o abuelos conocieron, un momento mejor que cualquier otro de la Historia, no porque tengamos más adelantos, más Producto Interior Bruto o mayor Índice de Industrialización, sino porque cada vez más nos duele la necesidad ajena. La solidaridad ha anidado en el corazón y en la vida diaria de la gente y ese es el fenómeno más maravilloso e importante que puede haber.

Su trabajo ha traspasado las fronteras, ahora tiene proyectos de cooperación internacional. ¿ en cuántos países están trabajando?

Desde los años 70 tenemos hogares en países latinoamericanos, pero en los últimos años nuestra presencia internacional ha ido creciendo mucho a través de la ayuda de emergencia y de la cooperación al desarrollo. En la actualidad Mensajeros de la Paz trabaja directamente, o en colaboración con organizaciones locales, en 37 países del mundo.

Vd. conoce a Vicente Ferrer personalmente, ¿que puede decirnos de el?

Vicente Ferrer es una de las personas que más admiro en el mundo. Como pocos ha sabido unir la espiritualidad y la acción, el pragmatismo de Occidente y la mística de Oriente. Es una persona buena y sabia de la que como hombre me enorgullezco por su labor, y en lo personal me enorgullezco de contar con su amistad. 

Una persona tan incansable como Vd. debe tener muchos proyectos y sueños  en mente. ¿Cuáles son  sus siguientes acciones? ¿Tiene pendiente alguno de ellos?

Tengo muchas cosas pendientes. Siempre hay nuevos proyectos, gente que necesita ayuda, países empobrecidos que sufren la guerra o las catástrofes naturales… A veces siento que lo que hacemos es sólo una gota de agua. Pero Madre Teresa de Calcuta, a la que también tuve el inmenso privilegio de conocer, decía que si esa gota no existiera el océano la echaría de menos.
En lo concreto, una de las cosas que me gustará hacer es abrir una iglesia que estuviera abierta a todos, para lo que necesitasen tanto en lo espiritual como en lo social, las 24 horas del día.

Háblenos del papel de la Iglesia en cuanto a la prestación de servicios sociales a los más desfavorecidos, como centros de día.

La Iglesia ha sido pionera en obras sociales, muchísimo antes de que las ONG existieran, ya estaban los religiosos cerca de los más necesitados. Pero además de pioneros también son ejemplo para todos. Todo el mundo conoce, y reconoce, el valor, el rigor y la calidad inmejorable del trabajo por ejemplo, de los misioneros. Creo que es algo que todos, creyentes y no creyentes, deben tener en cuenta y valorar.
Pero también son absolutamente necesarias las numerosas organizaciones de interés social, que desde la pequeña organización de barrio a las grandes ONGs vertebran la sociedad, fomentan el voluntariado y siempre esta al lado del que lo necesita, respondiendo rápidamente, en cualquier curva de una carretera, o después de un terremoto en cualquier parte del mundo. Desde la Iglesia no se debe, ni se puede, despreciar a los que trabajan por los demás sin que les mueva la Fe, sino colaborar juntos, para ayudar más y mejor a quienes lo necesitan.

Con una vida como la suya dedicada al servicio ¿le ha quedado tiempo para Vd.?

El darse a los demás enriquece, llena de satisfacciones, se recoge más de lo que se ofrece, eso es seguro. Mi vida está llena de satisfacciones y de alegrías, de cariño que he recibido de mucha gente que incluso no me conoce. No es una vida de sacrificio, sino de privilegio por haber conocido a tanta gente tan buena.

Algunas personas buscan a Dios, otras a alguien especial, otras hablan del universo…y muchas otras se pasan la vida buscándose a sí mismos..¿Qué es lo que esperamos encontrar y a quién?

Es humano buscar el sentido de la vida y las personas con un corazón sensible lo buscan en muchos sitios, a veces en lugares equivocados. En eso sí que puedo decir que tengo una receta infalible, que no es más que querer y dejarse querer. Tenemos el derecho y la obligación de ser felices, y una de las mejores formas de alcanzar la felicidad es haciendo felices a los que nos rodean. Ser felices puede ser más fácil de lo que se piensa: hay muchas formas de lograrlo, el voluntariado, el trabajo social, la solidaridad con los que sufren son algunas de ellas.

¿Cuál es el papel de los voluntarios hoy en día, y especialmente el de los voluntarios mayores. ¿Cómo podemos animar a los mayores a ser voluntarios?

El fenómeno del voluntariado en España, siendo algo tan reciente, ha alcanzado una gran madurez. En Mensajeros de la Paz los voluntarios son un pilar fundamental. En estos momentos colaboran con nosotros más de 3.000 personas, también en otros países del mundo. Creo que no hemos hecho más que ofrecerles un lugar desde el que poder desarrollar una inclinación, el darse a los demás, algo que en algunas personas ya se ha convertido en parte de su vida, cono su profesión o su familia.
Tenemos voluntarios de todos los tipos, todas las edades, todas las extracciones: los hay estudiantes, empresarios, amas de casa, jueces, profesores... Incluso tenemos niños y jóvenes que nos ayudan en campañas, que difunden nuestras actividades entre sus amigos o en sus colegios. Pero una de nuestras principales “canteras” de voluntariado son las personas mayores: muchos son jubilados o prejubilados que de repente son dueños de su tiempo, tienen los medios de vida más o menos solucionados y sus familias organizadas. Ellos ponen toda su experiencia de años en nuestra causa y es una maravilla. El voluntariado para ellos puede que en un principio se les presente como una forma de “llenar” su tiempo, pero luego se convierte en algo que les llena y enriquece de una forma que nunca antes podían haber imaginado.

Se nace con vocación de servicio o se hace? Es una necesidad? Es un impulso?

Pues no sé muy bien qué contestar. Los españoles somos gente de corazón, y a veces, actuamos movidos por el. No creo que sea malo; es muy hermoso seguir esos impulsos solidarios cuando vemos a alguien que necesita ayuda. Luego con el tiempo esa inclinación va madurando y más que una necesidad se convierte en una manera de entender la vida y de vivirla consecuentemente.

Cuando se tiene una vida interior y exterior tan rica y tan llena, cual es el siguiente paso?

Seguir adelante siempre. Trabajamos al servicio de la sociedad, para cubrir las necesidades asistenciales que se presenten. Así llevamos 40 años y así seguiremos... por lo menos otros 40 años más, si es posible creciendo, trabajando más y mejor, cambiando a medida que cambien las necesidades que atendemos y en mundo que nos rodea, todo puede cambiar pero lo que nos mueve seguirá intacto: esa es la fuerza para seguir.

¿Qué encuentra en cada persona a la que ayuda?

Creo que a veces nos engañamos, a nosotros mismos y a los demás, cuando pensamos que dando pan a los pobres se lo damos a Dios. Y es que a veces queremos “usar” al prójimo para salvarnos a nosotros mismos. A Dios hay que amarle como Dios, y a los hombres amarles como a hombres. A cada uno por lo que es y por como es.

¿Qué es lo que más le preocupa al Padre Ángel?

Mensajeros de la Paz es una familia, pero que después de casi 45 años de trabajo se ha convertido en una familia muy grande, formada por más de 45.000 niños y jóvenes que han pasado por nuestros centros y casas, por más de 8.000 personas mayores que atendemos en residencias y centros de día, por cerca de 4.000 voluntarios y más de 2.500 trabajadores, de los cuales el 92% son mujeres... Me preocupa que toda esa estructura se mantenga porque son muchas personas, muchas pequeñas familias las que dependen de nosotros. Pero también me preocupa el que nos quedemos sólo en las cifras, el que por haber crecido nos olvidemos de lo pequeño, que es lo verdaderamente importante: el conseguir la sonrisa de un niño o el acompañar los últimos momentos en paz de una persona mayor.

Muchas gracias por su valioso tiempo y por todos estos años de vocación y servicio. Le deseamos lo mejor.

Entrevista realizada por Acción Social para el Desarrollo Humano y la Fundación Updea

Octubre 2008

 

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