El negocio de la vida – Alberto Sanchez Bayo
Erich Fromm alertaba de que el peligro del hombre era convertirse en robot. La industrialización y el pensamiento mecanicista organizaron nuevos modelos de gobierno y de mercados laborales a los que fueron incorporando nuevos contingentes de población. La población se clasifico en activa y pasiva. La primera centrada en una producción creciente de bienes y servicios que ha generado niveles de renta, riqueza y bienestar material nunca antes alcanzado para el conjunto de la humanidad cuya población, al mismo tiempo, se multiplicó extraordinariamente desde los comienzos del SXX, hasta superar en la actualidad los 6500 millones de habitantes.
En la euforia del mito del estado del bienestar, la economía se ha centrado en la industrialización como inversión principal para ello y en los sistemas financieros como posibilitadores de ella, en la cuantificación de la producción, en la empresa competitiva reductora de costes como centro de rentabilidad y productividad en su oferta de bienes y servicios, y… el hombre ha ido perdiendo la libertad ganada (la de vivir expuesto al riesgo de la agricultura y el absolutismo) y asimilándose a las maquinas, ha ido robotizándose, reduciendo su coste como recurso productivo en esta competición hasta el punto de renunciar a parte del bienestar logrado y rebajando su valor y autoestima como ser humano.
Contradictoriamente las sociedades crecen globalmente, mientras sus miembros pierden poco a poco hasta vivir expuestos en su supervivencia urbana de una parte al riesgo incomprensible e inconcebible (para algunos) de los bruscos vaivenes de la inversión industrial y los sistemas financieros; y de otra, al absolutismo de las instituciones socioeconómicas dominantes y de los partidos democráticos gobernantes que asumen la representación de sus electores como un voto en blanco. La competitividad por la rentabilidad financiera y política nos ha llevado al auto engaño cuando no a la cultura del abuso y la corrupción. Mal negocio este de vivir en estos tiempos, dirán muchos.
No lo creo. De algo nos hemos olvidado, de algo clave y esencial, de alguna razón alojado y alejado en el esquema mental de la mayoría de la población que hace que ésta esté desorientada. Y perdida de vista la razón que motivó el bienestar alcanzado, haya sido sustituida por otras para guiarse en la inercia de la dinámica creada, centrándose, así, en esta competición de crecimiento material y cuantitativo sin sentido. Hasta que el propio sistema creado se vuelve contra sí y como un cáncer se autodestruye afectando en diferente grado a quienes forman parte de él. Y en esta agonía, en este proceso la criatura moribunda va enfilando hacia la muerte para poder despertar y volver a nacer. Un nuevo orden liberador comienza a florecer al margen de grandes organizaciones económicas y políticas pues en sus estructuras la robotización y la ansiedad del hombre continúa. Es el renacer de la conciencia de la humanidad como perteneciente a algo más grande, a una creación que está más allá de su comprensión última y cuyo comportamiento no puede controlar y predecir como si fuera una maquina. Esta conciencia va abriéndose paso a través del camino del crecimiento y desarrollo personal de aquellos miembros que van en busca de recuperar el valor perdido. Y así comienzan a darse cuenta que es mejor ser competente que competitivo, que mas no es mejor, que la calidad es preferible a la cantidad, que el dinero es el medio y no el fin y que son posibles los intereses financieros negativos, que el ser humano es más que su organismo biológico, que necesitamos nutrirnos emocional y espiritualmente, que vivir no es una profesión sino un arte, … que el nuevo bienestar es más amplio que el producido por la industrialización y necesita de menos “recursos productivos” y más personas sanadas sin distinciones de activas y pasivas.
En esta nueva etapa el sector servicios será el motor económico para conducirnos a nuevos horizontes, un sector servicios renovado y en el que el ocio será un elemento vital pues no habrá trabajo de 40 horas semanales para todos pero quizás si 20 horas que conllevará a una redistribución de las rentas y a una adecuación del consumo a lo considerado como necesario por cada cual y que nos conectará a la libertad perdida. Después de todo somos más de 6500 millones de personas en el mundo, mucha fuerza de trabajo para repartírnoslo y tener más “tiempo libre”, ese que tanto deseamos. Más ocio y menos rentas, un abismo existencial para muchos anclados en la mecánica rutinaria que se han olvidado de lo que realmente les hace gozar y que no sabrán como ocupar su tiempo con un menor nivel de consumo; una oportunidad para abrirte a la vida, liberarte del robot que tomaste como tuyo y emprender la gran aventura que te está esperando: el viaje a ti mismo, tu proyecto vital, tu vida. ¡Toma el tren de tu vida!
La vida es un gran viaje y negocio para compartir. ¡Qué mejor puedes ofrecer a tus compañeros de viaje que las obras que realizas desde tu talento vital! Estamos saneando la economía, que en adelante habrá de administrar esos valores extraordinarios no cuantificables y que lógicamente no aparecen el PIB (Producto Interior Bruto); pero si en el PINB (producto interior no bruto) como llama la creativa y genial Marga Iñiguez al talento de la ciudadanía. No considerar éste es una gran torpeza e irresponsabilidad.
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